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Me llegó una copia de El hombre sin espejos, y, como ha venido siendo saludable costumbre del remitente, el jovial autor-editor de Remoto y compañía, no recibí con la obra literaria ni dedicatoria ni  mensaje alguno, o sea que para variar no hubo el pedido textual de algo así como “amigo mío aguardo con ansias tus sesudos comentarios…”. Ex Profeso este libro es una oda versátil a la vida lenta, y para estar a tono cundió su lectura tomando horchata del termo a sorbos intermitentes e intercalando meditaciones de balcón hogareño de valle interandino subtropical, recibiendo la tibia brisa y el eco del arroyo acariciando verdes saucedales. El hombre sin espejos, fluye en una recopilación de ficciones que se sustentan en la vida activa, que en sí constituye el estado contemplativo del ser mudable. Aventura dentro y fuera de sí es lo que aspiran los personajes protagonistas de las veinte historias cortas que a continuación expongo sucintamente.     

(A orillas del Machángara).  Es la aventura que precede y suscita el relato El hombre sin espejos. Así ubicamos a la protagonista, Tychia, sumergida en la poesía visual, aromas y texturas del Machángara prístino pre era Antropoceno, o sea el río que sí fue caudal de aguas límpidas serpenteando en impoluto bosque primario andino.

 

(El hombre sin espejos).  Chancusig se sacude del sujeto aéreo que es el ser sujetado a la realidad virtual. Ha venido existiendo en una suerte de ropero donde está colgado el paquete de sensaciones que corresponde al uso de cada día. Romper con la burbuja de la felicidad instantánea, es el reto que asume el señor Chancusig, y, descendiendo a tierra, se inicia en la vida activa, es decir, su propio viaje a los acontecimientos en borrador.

 

(Mañana lluviosa). Tychia, tras un frustrado viaje a caminar con las tortugas gigantes Don Faustoi, desistiendo de la zona alta y montañosa de la isla anfitriona, se muda al llano a sufrir a gusto el aguacero que cesa cuando el sendero desemboca en la playa paradisiaca de bosque tropical seco. El repentino viraje de la mañana lluviosa toma un rumbo cierto al sol canicular del mediodía ecuatorial, y trae consigo la escena jovial, distendida e inédita del Quijote, Sancho, Rocinante y el Rucio protagonizando intempestiva aventura en Galápagos.

 

(En ninguna parte).  Ir a ninguna parte con pasaje de regreso a la corriente normalidad, es el viaje que se comete voluntariamente siguiendo los trillos que abren las tortugas gigantes en su hábitat y  apoyándose en la señalización que dejan los guardaparques en sus recorridos en la espesura del bosque seco. No obstante, cuando se pierden las señales de los guardaparques y no está a la mano hacer el retorno por la senda olvidada, es menester pedir ayuda para atravesar una barrera de espinas e incorporarse al sendero turístico que apenas estaba a veinte y cinco metros del caminante.

 

(General Trotamundos y Chulla Vida).  El veterano ex combatiente en la guerra superada contra los Pipones Bullangueros, retirado en Valle Chulla Vida, recibe a los urbanícolas enviados oficiales de las urbes de Las Américas, con el fin de entregarles la correspondiente ración de Cannabis Elixir que es la joya psicobiológica de consumo humano.

 

(Mezcalito).  Aquí tenemos un guiño de Tychia, la caminante cósmica, al escritor Malcom Lowry, autor  de la novela señera del siglo veinte Bajo el volcán. Tychia, de viaje en Quauhnáhuac, a propósito presente en la celebración del Día de Muertos, se encuentra con el acontecimiento que marca la suerte definitiva del Cónsul Firmin, alias Mezcalito, cuando es presa del juego mecánico de la Máquina Infernal.

 

(Muerte Pungo). Andar en soledad radical por la laguna de altitud volcánica y sus cercanías, es nutrirse de las huellas indelebles de pretéritas erupciones del volcán Antisana: el gran escupidor de fuego.

 

(Minotauro del Remanso Escondido).  Moverse en los campos de escoria volcánica que encierran a las lagunas de Secas y Tipopugro, devino en ejercicio extremo de mente y cuerpo para el sujeto de la experiencia cuando descubre el remanso escondido custodiado por un toro feroz que lo expulsa de sus dominios.

      

(Vibraciones Conolophus).  Las ruinas de la pista de aterrizaje de la extinta base aérea estadounidense en Baltra, vino a ser el lugar idóneo para que la iguana terrestre de Galápagos, Conolophus subcristatus, habite de nuevo la isla y se beneficie de sendas madrigueras de concreto y de los refugios al amparo de espinosos árboles de Palo Verde que echaron raíces atravesando oxidado cemento. En este espacio tiempo surge el privilegio de las vibraciones interespecies.

      

(En busca del Lobo Fino).  La orilla rocosa de isla Floreana suscita la búsqueda y el hallazgo del Lobo Fino, la especie endémica de Galápagos, Arctocephalus galapagoensis, quien rehúye el contacto cercano con el ser humano a diferencia de su primo hermano galapagueño el Zalophus wollebaeki. El Lobo Fino y el paisaje prehistórico de la isla que brotó del fuego submarino reflejan la salud integral del hombre a la intemperie.

  

(A ritmo de galápago). Tilda se descubre a sí misma en la vida lenta de las tortugas gigantes, se ha despojado de la plataforma virtual de la ejecutiva infatigable. Camina liviana sin la carga de la esclava del instrumento para el rendimiento total.

       

(Rey Iguana). Tilda supera la tortuga gigante joven que vio antes de salir del bosque seco, “fue un espécimen de elegante caparazón ondulado y de grácil ajuste posterior”. Apenas se hundió en la trocha del laberinto leñoso y verdor exuberante de hierbas rastreras, reconoció la mano del guardaparque que dejó anteayer su huella fresca abriéndose paso con filo machete. Aproximándose al mar desde el oído que capturaba el rumor creciente del oleaje, de repente se topa con racimos de iguanas marinas grises brotando de la espesura de manglares conformando el harem y guardia del Rey Iguana.

   

(Playa de los cerdos). Tilda sigue una estrecha, larga y tortuosa senda de guardaparque que culmina en un corto pero incómodo túnel vegetal de Mahahual, del que sale airosa a la sombra holgada y refrescante de bosque de árboles de ramaje artrítico de Manzanillo que presiden a la solitaria Playa de los cerdos, llamada así por ella debido a los cerdos ferales que devoran los huevos enterrados en la arena por las tortugas marinas verdes, Chelonia mydas.

 

(Gato Cangrejero). Tilda viene entretenida internándose en las caletas de orilla rocosa donde anidan  las iguanas marinas, y, de súbito, es parte del escenario que protagoniza el gato feral que en un salto acrobático atrapa a joven cangrejo gris mimetizado en las piedras negras. Más tarde, tendrá tiempo de sobra para repasar distintos acontecimientos de su vigente aventura galapagueña, pues, quedará atrapada entre la orilla rocosa e impenetrable manglar, sin pasaje de regreso a la comodidad del alojamiento que la aguardaba en la zona poblada de la isla, esto a cuenta de la marea alta que golpeó con furia la línea costanera sumándose a la tormenta eléctrica.

       

(Pajarero mirador). Ginebra sube al mirador arbóreo que construyó para dormir arriba cuando le apetece despertar escuchando el canto aéreo de los jilgueros con el sol naciente. Dandy, el androide siete oficios, funciona de maravilla como amo de casa, ya sabe el desayuno aéreo que enviará a Ginebra, ella pidió lo de siempre como si fuese la primera vez que lo hace y en rigor nada se repite en el tiempo espacio y, por añadidura, la variable que él pondrá en los ingredientes hará de la tortilla española solicitada sea única. De repente, cursando la segunda jornada de relajamiento de Ginebra, la paz se rompe y  los reflejos de la combatiente se ponen a prueba.

         

(Soda Bar Andrómeda). Callejón Anticuarios, “solo para peatones”, es lugar propicio para regalarse un paseo nocturno reparador tras suculenta cena en el casco histórico de la ciudad vieja, como lo ha venido haciendo intermitentemente el protagonista de este relato y cada vez aprovechando la ocasión para visitar la tienda de Arturo y quien sabe adquirir la reliquia que le llene el ojo.  Esta noche se percata que la novedad de Callejón Anticuario es la instalación de un negocio que se salta la tradición que hace honor a su nombre, y, la rutilante entrada de Soda Bar Andrómeda, que simula un túnel temporal atrae tanto su atención que lo impele a sumergirse en él.  Este irresistible impulso, en la noche que no buscó ser el solitario visitante del lugar, trae consigo consecuencias inusitadas.

        

(La muela del Cotopaxi). Una narración espontánea, a manera de leyenda andina, de cómo se creó el cerro Morurco.  La cosa empieza y culmina en la mala hora que sufrió el volcán Cotopaxi provocado por tremendo dolor de muela, la muela del juicio que acabó expulsando de sí. Gracias al estornudo tectónico que provocaron las abluciones con el elixir de Gaia, que taita volcán Chimborazo le aconsejó al joven Cotopaxi haga uso ipso facto, nació el Morurco.

   

(Charco contemplativo). La exultante cocha que en estación seca ofrece cuadros impresionistas de tortugas gigantes bañistas, asociadas a fragatas quitándose la sal marina apenas remojando las plumas y sacudiendo sus alas en el aire, sufre un cambio radical en la estación lluviosa cuando se inunda borrando de sí a los galápagos veraniegos, y a la alegre comparsa de monjitas, gallinas rojas y patillos endémicos.

   

(La isla de Gandulfo). La orilla rocosa galapagueña alimenta la gana de fabular del espectador ensimismado en el comportamiento de las iguanas marinas, fascinantes lagartos vegetarianos, y es testigo de las islas diminutas que se crean entre los especímenes dominantes territoriales.

 

(Papelitos). Extraño colofón, un relámpago del pasado, aunque igual de suscitador que el resto de piezas que conforman esta obra literaria. Aquí sale a luz la memoria de Lovochancho en tiempo de fanesca, el summum gastronómico ecuatoriano en Semana Santa, que provoca la visita a la Plaza de la Independencia y al café Madrilón. Una reflexión sobre los papelitos que no firmó para legalizar su relación sentimental con Adelaida y la consecuente ruptura que esta resolución produjo. 

  

Atentamente, Olegario Castro. 

 

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